sábado, 22 de enero de 2011

Juan Ramón Jiménez y la tauromaquia

Quiero compartir con vosotros uno de los capítulos de Platero y yo titulado Los toros. Cada uno puede sacar sus conclusiones después de leer el texto (¡faltaría más! ¡Aún tenemos este derecho…que espero continúe), y yo quiero expresar las mías.

    Los taurinos, conocidos ya por todos nosotros por su especial habilidad para meter en sus listas de adeptos a diestro y a siniestro (sobre todo a siniestro), aprovechan el estado mortal de cualquier poeta, escritor, pintor, etc. para inventarse la supuesta afición taurina de reconocidos personajes (estando muertos no pueden defenderse, lógicamente). Hace tiempo leí en un medio taurino que Juan Ramón Jiménez era un apasionado de las corridas de toros. Mi estupefacción fue similar a la que siento cuando leo el nombre de Goya en parecidas circunstancias. Por supuesto, no soy ninguna eminencia en lo que a la obra de este poeta onubense se refiere, y aún menos de su vida, pero cualquiera que haya leído Platero y yo puede percibir una sensibilidad y respeto hacia los animales muy superiores al de otros escritores contemporáneos.

    Los cuidados que recibía Platero y los diálogos que el poeta mantenía con él, nos rebelan la ternura de Juan Ramón y el dolor que sentía al presenciar el maltrato o asesinato de cualquier burro, perro o pajarillo. Por estos detalles de su personalidad que se perfilan en su obra, creo que la supuesta afición taurina que pretenden presentar los defensores de esta cruel tradición es una falsedad más de las que hay que añadir a la ya larga lista creada por estos “artistas” del engaño.

   En el capítulo Los toros Juan Ramón le dice a Platero: “¿ A que no sabes, Platero, a qué venían esos niños? A ver si yo los dejaba que te llevasen para pedir contigo la llave en los toros de esta tarde. Pero no te apures tú. Ya les he dicho que no lo piensen siquiera...” El poeta no sólo no permite que Platero sea utilizado durante el festejo, sino que él y su burro salen del pueblo antes de que la corrida comience: “A eso de las dos, Platero, en ese instante de soledad con sol, en ese hueco claro del día, mientras diestros y presidentas se están vistiendo, tú y yo saldremos por la puerta falsa y nos iremos por la calleja al campo, como el año pasado... ¡Qué hermoso el campo en estos días de fiesta, en que todos lo abandonan!”. Si Juan Ramón hubiese sido un aficionado taurino ¿no habría aprovechado la ocasión para acudir a la “fiesta”? ¿No habría permitido que Platero formase parte de ella? Juan Ramón decide irse al campo, y añade: "como el año pasado". No era la primera vez que el poeta prefiere aislarse de estos festejos celebrados en Moguer. 

   Aunque he mencionado este capítulo de Platero y yo para derrumbar la supuesta afición taurina del poeta, quiero enfocarlo también en su negativa de utilizar a Platero en los festejos populares. ¿Qué habría ocurrido si, en lugar de vivir en Moguer (Huelva) , hubiesen vivido en Villanueva de la Vera (Cáceres), donde todos los años se celebra en carnavales el festejo del burro del Pero-Palo? ¿Habría permitido que usaran a Platero como protagonista? Recordemos otra vez lo que Juan Ramón le dice a Platero: “no te apures tú. Ya les he dicho que no lo piensen siquiera...”

POR QUÉ ?

LOS TOROS

¿A que no sabes, Platero, a qué venían esos niños? A ver si yo los dejaba que te llevasen para pedir contigo la llave en los toros de esta tarde. Pero no te apures tú. Ya les he dicho que no lo piensen siquiera...

¡Venían locos, Platero! Todo el pueblo está conmovido con la corrida. La banda toca desde el alba, rota ya y desentonada, ante las tabernas; van v vienen coches y caballos calle Nueva arriba, calle Nueva abajo. Ahí detrás, en la calleja, están preparando el Canario, ese coche amarillo que les gusta tanto a los niños, para la cuadrilla. Los patios se quedan sin flores, para las presidentas. Da pena ver a los muchachos andando torpemente por las calles con sus sombreros anchos, sus blusas, su puro, oliendo a cuadra y a aguardiente...

A eso de las dos, Platero, en ese instante de soledad con sol, en ese hueco claro del día, mientras diestros y presidentas se están vistiendo, tú y yo saldremos por la puerta falsa y nos iremos por la calleja al campo, como el año pasado...

¡Qué hermoso el campo en estos días de fiesta, en que todos lo abandonan! Apenas si en un majuelo, en una huerta, un viejecito se inclina sobre la cepa agria, sobre el regato puro... A lo lejos sube sobre el pueblo, como una corona chocarrera, el redondo vocerío, las palmas, la música de la plaza de toros, que se pierden a medida que uno se va, sereno, hacia la mar... Y el alma, Platero, se siente reina verdadera de lo que posee por virtud de su sentimiento, del cuerpo grande y sano de la Naturaleza, que, respetado, da a quien lo merece el espectáculo sumiso de su hermosura resplandeciente y eterna.

Los toros
Platero y yo
Juan Ramón Jiménez 
el Arte con sangre entra

Más capítulos de Platero y yo: 
EL PERRO SARNOSO (XXVII) 

EL MORIDERO

 LIBERTAD 
http://delavidaylapalabra.blogspot.com/2010/12/libertad.html

Información adicional: 
MUNDO TAURINO: EMBUSTERO Y BAILARÍN 
El burro del Pero-Palo, una tradición humillante









6 comentarios:

  1. No hace falta ser ningún lumbrera para comprender los sentimientos de Juan Ramón Jiménez hacia los animales. Y está clarísimo por qué se va al campo con Platero en una tarde taurina en el pueblo.

    No hay peor necio que aquel que no quiere ver. Los taurinos (no puedo soportar el rostro siempre sonriendo con displicencia de la Sra. Aguirre en esos casos) continuamente recitan la lista de los grandes artistas de la historia aficionados a los toros, pero nunca mencionan a los que pensaban que era una barbarie propia de la españa profunda, inculta e insensible. Deberían empezar por leer lo que pensaban del maltrato animal grandes filósofos, no sólo artistas, desde la antigua Grecia. Pasando por Leonardo, Einstein, Gandhi...

    Gracias por mostrarnoslo, Yolanda.

    Un beso.

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  2. Gracias a ti, Alberto.
    Se coge antes a un mentiroso que a un cojo, como dice el refrán. Y a estos "artistas del embuste" se les puede desenmascarar fácilmente.

    Un abrazo.

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  3. Spooky, si Juan Ramón estuviese vivo, estoy segura de que los taurinos se reirían de él y lo insultarían llamándole infantil por su manera de tratar a un burro, y su sensibilidad hacia el resto de los animales y la naturaleza.
    En el capítulo de "El burro viejo", Juan Ramón le dice a Platero, viendo a un pobre burro moribundo y abandonado: "No sé cómo irme de aquí, Platero. ¿Quién lo deja ahí al pobre, sin guía y sin amparo? Ha debido salirse del moridero. [...] Platero, se va a morir de frío en ese vallado alto, esta noche, pasado por el norte… No sé cómo irme de aquí; no sé qué hacer , Platero…" ¿Te imaginas a Juan Ramón disfrutando en una corrida viendo cómo torturan y asesinan a un toro?

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  4. Buenas tardes,

    Hoy he terminado de leer el regalo de mi último cumpleaños, "Platero y yo". Para mí, como amante de los animales y andaluza, es muy difícil dar con escritores y escritoras de mi tierra que no apoyen tan tremenda salvajada. En la televisión autonómica emiten las corridas de toros celebradas los domingos o cuando toque y me parece imposible que en una tierra tan cruel como la mía algún día termine esta tradición que, como tortura, ni es arte ni es cultura. Vergüenza siento cuando alguien de fuera se ve casi obligado a decir que no le gustan los toros pero los respeta como parte de nuestra "cultura". No puede de ningún modo ser respetado algo que carece de respeto a lo ajeno. ¿Qué noruego o danés en su sano juicio se atrevería a incluir en los libros de texto las matanzas de las ballenas por ejemplo? A ninguno, claro está.
    Soy profesora de español y no incluyo San Fermín o las corridas de toro en mis clases porque además es una imagen que claramente juega en nuestra contra como sociedad "civilizada".
    Juan Ramón se delata en este libro como amante de los animales. Como bien dices, habla con su burro como con un amigo y explica claramente en uno de los capítulos como en numerosas ocasiones quien se considera humano debería ser llamado salvaje y como el supuesto salvaje actúa con más humanidad que el primero.
    En fin, quien suma a la lista de "personas" pro-tortura a Juan Ramón está claro que no ha leído su obra porque, claro está, solo se forma en otra clase de actos "culturales".

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  5. A vueltas con el poeta Juan Ramón Jiménez, dejo unas conocidas palabras suyas para clarificar su posicionamiento frente a lo taurino:

    "¿La cima (que es la sima) de mi antipatía? Una misa de campaña, en una plaza de toros, cosa frecuente en España. El cura, el militar, el torero… y el público de ellos tres."

    Me parece que no es necesario añadir más.

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