martes, 16 de noviembre de 2010

El perro sarnoso

Hay quien pone el grito en el cielo cuando calificamos de asesinato el acto de quitar la vida a un animal violentamente (no se incluye aquí la eutanasia, o provocar la muerte a un animal enfermo incurable para evitarle mayores sufrimientos). A lo largo de la historia han existido personas con la sensibilidad y valentía suficientes como para llamar a estos hechos por su nombre, sin temor a ser tachados de infantiles o sensibleros. Uno de estos personajes fue Juan Ramón Jiménez, poeta español nacido en Moguer, Huelva, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1956. Juan Ramón no dudó en llamar perro asesinado a un perro muerto a consecuencia de los disparos de un individuo sin escrúpulos. En su obra más conocida Platero y yo, el poeta relata este episodio estremecedor, tan cruel como cotidiano. Han transcurrido casi cien años desde la publicación de Platero y yo en 1914, pero la sociedad española en general no ha cambiado demasiado, y continúa siendo insensible ante el maltrato a los animales.

Os dejo con la lectura del capítulo “El perro sarnoso” de Platero y yo.


EL PERRO SARNOSO (XXVII) 

Venía, a veces, flaco y anhelante, a la casa del huerto. El pobre andaba siempre huido, acostumbrado a los gritos y a las pedradas. Los mismos perros le enseñaban los colmillos. Y se iba otra vez , en el sol de mediodía, lento y triste, monte abajo. 
Aquella tarde, llegó detrás de Diana. Cuando yo salía, el guarda, que en un arranque de mal corazón había sacado la escopeta , disparó contra él. No tuve tiempo de evitarlo. El mísero, con el tiro en las entrañas, giró vertiginosamente un momento, en un redondo aullido agudo, y cayó muerto bajo una acacia. 
Platero miraba al perro fijamente, erguida la cabeza. Diana, temerosa, andaba escondiéndose de uno en otro. El guarda, arrepentido quizás, daba largas razones no sabía a quién, indignándose sin poder , queriendo acallar su remordimiento. Un velo parecía enlutecer el sol, un velo grande, como el velo pequeñito que nubló el ojo sano del perro asesinado. 
Abatidos por el viento del mar, los eucaliptos lloraban , más reciamente cada vez hacia la tormenta, en el hondo silencio aplastante que la siesta tendía por el campo aún de oro, sobre el perro muerto. 

Juan Ramón Jiménez

PLATERO Y YO 





En este enlace podéis encontrar la grabación realizada en audio por Elena Rubio del libro Platero y yo. Un magnífico trabajo:



Más capítulos de Platero y yo

EL MORIDERO


01-Platero y yo de Juan Ramón Jiménez





02-Platero y yo de Juan Ramón Jiménez





03-Platero y yo de Juan Ramón Jiménez





04-Platero y yo de Juan Ramón Jiménez





05-Platero y yo de Juan Ramón Jiménez





06-Platero y yo de Juan Ramón Jiménez





07-Platero y yo de Juan Ramón Jiménez / final


1 comentario:

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