miércoles, 25 de agosto de 2010

El siniestro mercadeo de animales en España

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Comercio de perros en España procedentes de Europa del Este


En la actualidad se está produciendo una importación masiva de perros procedentes de criaderos de países del Este de Europa. Estos animales, en un gran número de casos, son portadores de graves patologías.


La oferta y la demanda también afecta a los animales de compañía… cuando los propietarios buscan un perro, un compañero para su hogar, y las personas que se dedican a la venta de dichos animales encuentran lugares en los que los animales tienen los precios más reducidos… los compran y se los venden al ilusionado humano.

Hasta aquí, comercialmente, nada es anormal, anómalo; es lógico que el que quiere vender un “producto”, busque un mayorista que le ofrezca precios más económicos para alcanzar un mayor beneficio... Pero cuando el “producto” es un ser vivo, los matices son distintos.

Un perro criado en España, por un criador profesional, con todos los cuidados y revisiones veterinarias, alcanza un precio final de mercado mucho más alto que el de aquel animal criado en granjas de perros, sin “mucho control” y con el único fin de producir el mayor número de unidades, en el menor tiempo posible y al menor precio.

Los perros procedentes de estos territorios, pueden ser animales con no todas las garantías, con papeles, no del todo “legales”, con posibles enfermedades en incubación.

 

Desgraciadamente esta es una practica común en todo el territorio español, es cada vez más complicado que en tiendas especializadas nos ofrezcan “producto nacional”. Es normal que el animal que nos observa con ojos lánguidos tras el cristal haya sido separado de forma temprana de su madre, que haya realizado un viaje agotador de tres o más días, hacinado en sucias y reducidas jaulas, ”compartiendo” patologías con sus desgraciados compañeros de viaje… Desgraciadamente, los más débiles mueren en el camino.

El fraude también lo encontramos cuando el cachorro va creciendo y ese bello ejemplar de la raza que hemos pagado, no se parece mucho, o casi nada, al estándar del animal deseado. Aunque, como todo en esta vida, existen excepciones… No todos los animales procedentes de estos países están en malas condiciones e infringen las normas más allá de nuestras fronteras: también existe gente responsable… Pero la demanda provoca que los malos sean la gran mayoría.

Los malos… y “los listos”: cada vez son más los “particulares” que entran en esta inmunda espiral comercial: individuos sin escrúpulos, y sin recintos comerciales, que compran animales a los mayoristas y posteriormente los venden desde sus casas… ¿increíble?... pero cierto.

Una vez más (¡que sorpresa!) la administración mira hacia otro lado: no se realiza ningún control sobre estos transportes; el país de origen debe avisar a la Comunidad Autónoma correspondiente del número de animales y el día de su llegada; es lo que se conoce como TRACES. Una excelente oportunidad para realizar controles sanitarios y control de documentación. En los pasaportes de los animales importados se falsifican las edades de los cachorros; según la legislación vigente en la UE, los cachorros de menos de tres meses no pueden viajar, y sin embargo están llegando a nuestro país cachorros con apenas 20 días de edad… Una auténtica vergüenza y una absoluta crueldad.

 

Si la suerte no lo remedia, puede que en un plazo no muy largo de tiempo nos encontremos con un grave problema sanitario. Se ha podido comprobar con muestreos de sangre de cachorros procedentes de Hungría, en un laboratorio especializado y oficial de nuestro territorio patrio, que los cachorros que nos llegan no son inmunes a la rabia… ¿podrá llegar a darse el caso de que alguno de ellos, además de no ser inmune, sea portador de la enfermedad? La Rabia no existe en nuestro país (por el momento).

Quizás la única opción de controlar este potencial tema sanitario es uno de los pocos que funciona en España: llevarnos un susto, como en el caso de las vacas locas, por ejemplo…

Si aparece un perro importado con rabia, o una persona con la enfermedad, transmitida por uno de estos animales… ¿a que cambiaría la película?

Pero no pensemos solo en la rabia. Un altísimo porcentaje de los cachorros de estas procedencias que se venden en las tiendas (la escalofriante cifra podría superar el 50%), o por particulares, terminan muriendo de parvovirosis, moquillo, graves parasitaciones (por cierto, estas últimas, transmisibles al hombre en muchos de los casos…)

Esto supone para la familia que padece la pérdida del animal un elevado coste emocional y económico… intentando no perder a su recién llegado amigo.

El problema para la tienda no es tal… como si de un producto desechable, perecedero, inerte, se tratara: “no se preocupe, le doy otro perro”


¿Sentimientos? ¿Profesionalidad? ¿Ética…? Nada de eso; solo comercio, dinero, beneficios… la pérdida es pequeña, muy pequeña para los comerciantes de vida: un perro vendido, quizás por 600 euros al cliente final, ha podido costar en el lugar de origen 60… si, no nos “comemos” ninguna cifra: ¡¡60!!

Por lo tanto, aunque tape su responsabilidad con la entrega de otro animal, las cuentas son sencillas: 60+60=120 euros… si a ello le añadimos ciertos costes de mantenimiento de los animales, personal… a pesar de todo “el gasto”, en el caso de la venta de un animal enfermo que fallezca, en el caso de tener que “cubrir el expediente” con una reposición de otro animal, el beneficio neto siempre es, al menos, del doble del dinero invertido…

Todos los años pueden estar llegando a España más de 50 000 perros procedentes de esos países... más de 50.000 seres vivos.

La gran demanda de países como España, hace que cualquiera se monte un criadero en un garaje o en un lúgubre e infecto almacén de estos países… recintos sin ninguna medida higiénica, ni sanitaria, sin el más mínimo interés por el bienestar de los animales: hacinamiento, sobrexplotación reproductiva, enfermedad… muerte…


Las autoridades españolas no toman medidas, simplemente, porque no quieren: saben perfectamente cuando llegan estos transportes… saben que la mayoría de los animales que entran en nuestro país, no están cumpliendo las normas, saben el riesgo sanitario que este “inadecuado” proceder entraña…

Si sucede algo… ¿encontraremos algún responsable?

Mientras tanto, que los responsables (unos cuantos) duerman felices… sobre sus conciencias pesan los cuerpos inertes de miles de animales que nacieron, que nunca llegaron a tener un nombre, que proporcionaron interesantes beneficios a repugnantes desalmados y, que sin llegar a dar un pequeño lametazo al sabor de la vida, murieron…

Carlos Rodríguez, veterinario y comunicador, y Matilde Cubillo, presidenta de Justicia Animal.

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