domingo, 11 de julio de 2010

Reo de muerte

“¡Para hacer bien por el alma del que van a ajusticiar!”



Sakineh Mohammadi-Ashtiani, quien fue condenada en 2006, no morirá lapidada pero, ya que el gobierno iraní no la ha absuelto, puede ser ejecutada mediante la horca, un método “alternativo” que se reserva dicho gobierno para quitar la vida a mujeres como Ashtiani, por haber cometido el  “terrible delito” de mantener una “relación ilegal” con dos hombres después de la muerte de su marido.

Esta mujer no es un caso aislado, “al menos ocho mujeres y tres hombres corren el riesgo de ser lapidados por la justicia iraní, según informes de Amnistía Internacional”.

 

El aferrarse a tradiciones medievales sanguinarias es causa de asombro para la mayoría de las sociedades actuales, pero aun en países como España, hay colectivos que, con una mente obsoleta, rancia y podrida, continúan asidos de manera enfermiza, a festejos donde los espectadores gozan con la visión de la tortura a un inocente, de una criatura cuyo único “delito” conocido es el haber nacido toro. La obstinación y el cegamiento es tal que su enjuiciamiento lo califican de “arte”.

Me pregunto: ¿Qué hay dentro de la mente de los individuos que disfrutan con el sadismo? ¿Por qué ven a la supuesta víctima merecedora de recibir tal ejecución?
¿Qué es lo que les mueve a  concebir la idea de creerse superiores, con el derecho a destruir la  vida de otro semejante o de un animal de otra especie?.

En Irán puede que, el que otros países muestren su desaprobación por la ejecución de un reo, lo consideren una intromisión, un atentado a su libertad como república. Una libertad que incluye el eliminar a los que, según sus leyes, son merecedores de tal castigo. En países como el nuestro, son muchos los ciudadanos que defienden su derecho a la libertad de “disfrutar” de la ejecución pública de un reo, un rumiante con sensibilidad como la de cualquier humano.

Alguien habrá que pondrá en “grito en el cielo” por tener la osadía de poner en el mismo nivel la ejecución pública de una mujer con la ejecución pública de un toro. ¿Cuál es la diferencia? En el primer caso es un animal humano, un mamífero. En el segundo es otro animal de distinta especie, igualmente mamífero y con un sistema nervioso similar al nuestro. La diferencia está en nuestra manera de ver a ese convicto. En Irán, ven a esa mujer y a las ocho féminas pendientes de ejecución, como seres inferiores. Así mismo, los que ven al toro como un animal nacido para morir en la plaza, le ven inferior y a los ejecutores en un nivel superior, humanos con el derecho y poder de torturarlo y ejecutarlo. El sufrimiento ante la tortura es el mismo, las consecuencias también.


Un fatídico final descrito por Espronceda en estos versos:

“Reclinado sobre el suelo/ con lenta amarga agonía,/ pensando en el triste día/ que pronto amanecerá,/ en silencio gime el reo/ y el fatal momento espera/ en que el sol por vez postrera/ en su frente lucirá/… su ilusión la desvanece/ de repente el sueño impío,/ y halla un cuerpo mudo y frío/ y un cadalso en su lugar”.

Yolanda Plaza Ruiz

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