Me faltan fuerzas para compartir con vosotros este relato. No, no es imaginado, es un hecho real, tan real como la sangre inocente que vierten las criaturas usadas para el “disfrute” de unos cuantos individuos totalmente respetables, hijos predilectos, padres de familia, ejemplares trabajadores, amigos leales…sonrientes, siempre sonrientes. Y es que el ser humano es el único animal que puede camuflarse con mil caras. Nuestras máscaras son infinitas, como infinita es la maldad.
En ocasiones tengo el regalo de toparme por la vida con personas de una pieza, claras y transparentes, con un corazón inmenso. Pero lo cotidiano es un antídoto eficaz contra la ceguera. A veces pienso que soy un buscador de oro entre tanta mierda. Sí, he escrito mierda, porque la podredumbre está en todas partes. Hay quien piensa que en las ciudades huele mal por la contaminación, por tanto coche, tanta basura,…y están equivocados. Somos nosotros, sí , nosotros los que olemos mal. Nuestro interior está podrido. Nos alimentamos de carroña, de sangre, de dolor ajeno. No hay desinfectante capaz de camuflar el intenso olor a cloaca que desprendemos. Unos por ser protagonistas honoríficos, otros por ver, oir y callar. El olor de la indiferencia es irrefutable. Sí, ya sé, hay perfumes (carísimos) que pretenden enmascarar lo indigerible. Pero la mierda es mierda, y el mal olor sólo se elimina con la limpieza, no con Chanel nº 5.
El relato que quiero compartir con vosotros lo ha escrito una persona que no necesita máscara antiolores. Es una de esas “chifladas” que se desviven por socorrer a un humilde perro. Sus palabras reflejan el dolor y la impotencia que sentimos los que aun no hemos sido contagiados con la terrible indiferencia. Nuestro colectivo forma parte de la especie en peligro de extinción llamada “humana” con el corazón incluído. Defendemos con uñas y dientes nuestro derecho a no ser amputados. El corazón es nuestro.
Nuria Martín es trabajadora voluntaria de la Sociedad Protectora de Animales de La Guarida de Puente Genil (Córdoba), ella es la protagonista humana de esta historia. La víctima sin nombre es el héroe principal, un humilde perro al que le han obligado a luchar a sangre y muerte. Nuria ha querido bautizar a la estrella indiscutible de esta cotidiana experiencia con el nombre de Gabriel.


Creo que no hacen falta más preámbulos. El relato es lo suficiéntemente estremecedor y verídico para que yo le añada más adornos. Sólo me queda una súplica, tan sencilla como compleja. Por favor: no te quedes callado, no cruces los brazos, no duermas tranquilo. Tú, como yo, podemos y debemos actuar. En esta historia no hay parados. La decisión es clara, tú elijes el personaje: o decides permanecer impasible, apoyando tácitamente a los asesinos, o actúas para sanar la herida, tomando parte en el asunto…porque TÚ estas involucrado.

DEDICADO A GABRIEL
He deseado esta tarde triste, quedarme a solas contigo. No nos conocemos de nada, nunca nos hemos visto, pero en este día, siento que tengo que sentarme frente a ti. Y tiene que ser esta misma tarde porque mañana.... ya no estarás.

No quiero ni immaginar ese momento, ni todos los que precedieron en tu larga y sombría vida. Creo que podrás tener 13 ó 14 años. Muchos, y demasiados días de amargura. Has debido ser para tus verdugos todo un "campeón". Grande y hermoso "ejemplar" has sido, y aún lo eres.
Corpulento "de cabeza ancha", como prefieren los sanguinarios sin escrúpulos. Ahora te me presentas ya viejo, enfermo y acabado...a través de los barrotes del chenil.
Me miras fijamente, con el pobre ojito que te queda, así, impasible, estático, cansado y paralizado ante una vida que te ha tratado tan injustamente.

De vez en cuando, tengo que apartar la mirada. Impones, turbas y a la vez, despiertas mucha compasión, mucha pena. Han hecho de ti un infeliz....
Sentada frente a ti, cae la tarde, triste, pero hermosa, teñida de sangre, pero atravesada por l una línea blanca en su horizonte. Tú y yo sabemos que esa línea es el día de mañana. Es la esperanza, el fin de tus días que se lleva por fin tu sufrimiento, antes de lo que esperas, y es que penosamente ya nada puede hacerse por tu desgraciada existencia.
Viejo, resignado, herido, desconfiado... haces bien en no fiarte ya de nadie porque nunca nadie te ha dado nada, a excepción de golpes, palizas y gritos. Y no he deseado ni conocer tu nombre, el nombre de asesino con el que te han gritado y golpeado. Hoy te he llamado Gabriel, sólo entre tú y yo, como el ángel caído que ahora eres.

Y me sigues mirando, algo curioso, tan fijamente... y sé lo que estás pensando. No es difícil imaginar que ya todo te resulta indiferente, que ya no vas a creer que a ti vaya a sucederte algo bueno, que nadie a estas alturas vaya a regalarte una pobre caricia. Ya no esperas nada de nada y sé que mañana, cuando vengan a dormirte para siempre, ni siquiera intentarás escapar de la muerte amiga.
Fíjate, vosotros que la oléis a distancia... Y es que entendrás, como el ser inteligente y desahuciado que eres, que va a ser el único acto de amor que la cruel raza humana ha cometido contigo en tu larguísima y sangrienta vida.

Y te miro por última vez, acongojada y deshecha, y te llamo en tono cariñoso con el hilito de voz que me queda, en esta tarde que se muere, pero eres incapaz de mover un músculo de tu exhausto cuerpo. Ya no hay lenguaje en forma de alegría en tu rabo, ni en tus orejas mutiladas. Me levanto y me sigues con la mirada, te pongo un colchoncito en un rincón. Lo único que puedo regalarte. Es mi deseo, que pases la última noche de tu lúgubre existencia, acomodadito. Aislados tus gastados huesos del frío del suelo.
Tu última mirada me lo agradece. Quisiera haber hecho mucho más por ti, pero como tantas veces, no he llegado a tiempo. Ojalá antes de marcharte, pudieras comprenderlo. Con pasos muy lentos, te diriges hacia él, y por fin, te quedas dormidito. Ojalá sueñes esta última noche con el Arco Iris en el que pronto estarás. Duerme ángel caído. Descansa de una vez, y mañana, cuando despiertes, un brevísimo instante, sea para vislumbrar la paleta de colores que te invita a dejar el mundo oscuro en el que te metieron y del que, por fin, sales para siempre
Ha llegado la noche. El horizonte rojo se ha ocultado, pero perdura la línea blanca, esponjosa y flotante en el cielo sombrío: tu última esperanza.
Nuria Martín
APAP "LA GUARIDA" DEL PUENTE GENIL

no puedo decir nada las lagrimas me lo impiden , tampoco hay palabras para describir esta atrocidad, solo quiero con toda mi alma que aquellos que "gozan" con este "deporte" la vida les devuelva en propias carnes TODA LA MALDAD con la que ellos han disfrutado.
ResponderSuprimirUna amiga de mis queridos cuatro patas...
Gracias por tu comentario, Anónimo. Comparto contigo la rabia y la impotencia que nos corroe cuando leemos o vemos estas escenas tan crueles con seres indefensos.
ResponderSuprimirBenedetti decía que "el llanto es una forma de estar vivo". Tenemos que convertir nuestras lágrimas en la fuerza que nos impulse a actuar y no quedarnos callados. Somos pequeños que luchan contra gigantes, pero esto no tiene que hacernos desfallecer. Nuestro deber es seguir intentando que la gente abra los ojos y vea la cruda realidad del maltrato animal.
Un abrazo,
Yolanda
no puede ser posible que con tantos años que decimos "llevamos formados como civilizacion seamos los humanos, personas tan primitivas" causar daño aquellas personas que no se pueden defender por que no pueden hablar, pero que sin embargo ellos saben amar sin rencor sin metiras siempre siendo fiel a nosotros y ver en los ojitos de estas personitas lo mas puro de sus almas y sin embrago herirles de esa forma, aquellas personas no deberian llamarse seres seres humanos racionales por que son peor que lacras son lo peor que hay en este mundo, creo que para ellos no hay nombre simplemente son lo peor del mundo y me atrevo decir lo peor del universo.
ResponderSuprimir