miércoles, 20 de enero de 2010

Forzados a cabalgar sobre el fuego

Como viene siendo tradición desde el siglo XVIII,  durante el anochecer del 16 de enero, se celebra en San Bartolomé de Pinares (Ávila) la festividad de Las Luminarias, en honor a San Antón. Este año durante los festejos, veinte hogueras se han distribuido  por diversos rincones del pueblo sobre las que diez jinetes, una vez más, saltándose las normas y la Ley 5/1997 de Protección Animal de Castilla y León, en lugar de rodear el fuego con sus caballos, han obligado a los animales a trotar sobre las llamas. Estos hechos se han repetido a pesar de las denuncias interpuestas por la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA) el año pasado. Esta asociación obligó al Ayuntamiento de San Bartolomé a vigilar el espectáculo y solicitó la presencia de patrullas de la Guardia Civil y la creación de un registro de participantes. El alcalde de esta localidad, Melquíades García, publicó bandos municipales en los que se exhortaba  a los futuros  jinetes a no obligar a los caballos a saltar las hogueras, algo que ha ocurrido ante la  imperturbabilidad e indiferencia de la Guardia Civil. Sobra decir que no ha existido ningún registro de los jinetes protagonistas de estos actos.


 


Como conclusión de la fiesta, el 17 de enero se celebra la tradicional carrera de cintas en las que los mismos jinetes que presionan a los caballos a pasar por el fuego, participan en la competición. Años atrás a este torneo se le denominaba la “carrera del gallo” ya que  en lugar de cintas, de las cuerdas que debían obtener los jinetes pendían gallos vivos, a los que debían arrancar las cabezas”. Debido al salvajismo  del siniestro espectáculo, pasatiempo predilecto en los festejos de los pueblos castellanos,  el Ayuntamiento optó por reemplazar a las inocentes víctimas decapitadas, por cintas inertes.






Los que intentamos defender en este país a los animales, víctimas inocentes en numerosas tradiciones anacrónicas que se celebran en cualquier rincón del Estado Español, estamos acostumbrados a las respuestas interesadas de un colectivo numeroso de individuos, que embisten contra nuestro activismo con argumentos como: “Hay asuntos más importantes que ocupar el tiempo y recursos en defender a los animales. Antes hay que ayudar a las personas”. Estos mismos ciudadanos no ponen el grito en el cielo cuando sus paisanos dedican el tiempo y recursos (no sólo propios, sino de las arcas de los ayuntamientos y autonomías), decapitando gallos, infligiendo daños a sumisos caballos, torturando y asesinando toros; tiempo y recursos que podrían dedicar igualmente a la ayuda humanitaria. O la sutil inteligencia de estas acusaciones se escapa de mi capacidad, o tengo que entender que la obligación de mostrar empatía y actuar para paliar las desgracias de nuestros congéneres, es exclusividad de los que tenemos la “desfachatez” de preocuparnos por seres rebajados y humillados, para el disfrute de aquellos que al parecer, están exentos de la obligación moral de socorrer a cualquier víctima, ya sea humana o animal.

 


Los presupuestos de los diferentes gobiernos, autonomías o ayuntamientos pueden y deben hacer frente a diversos gastos. Es primordial ayudar a los desfavorecidos y dedicar un porcentaje para cultura, festejos, etc. La diversión sana y necesaria no puede ir ligada al fomento de la tortura y salvajismo. Los animales, como estos pobres caballos presionados a trotar sobre hogueras durante las fiestas de San Bartolomé, no pueden seguir siendo víctimas de tradiciones obsoletas. Es inconcebible que aun existan lugareños orgullosos de seguir estancados en costumbres tan decadentes.


Yolanda Plaza Ruiz

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