
A menudo los individuos violentos suelen presentar un marcado sentimiento de inferioridad y baja autoestima. Esto les conduce a exteriorizar sus frustraciones personales en los miembros más indefensos de su entorno más próximo, con menos capacidad de defensa física. De esta violencia cobarde no se escapa cualquier criatura que consideren de su “propiedad”, incluidos los animales domésticos.
A diferencia de “Réquiem con tostadas”, donde la víctima asesinada es la esposa, en “Tiempo salvaje”, es otro de los miembros indefensos que conviven en el entorno doméstico:
“El doctor Mojarro (se las daba de médico, aunque era veterinario, pero no ejercía, salvo cuando su perro Bob se resfriaba) era mujeriego sólo postal”. Mojarro es abandonado por su mujer de manera imprevista. Ella se encuentra fuera de su alcance al conocer la noticia:“…cuando recibió aquellas cartas por correo urgente, Mojarro se fue a su casa más temprano que de costumbre, abrió su cofre fuerte doméstico, extrajo de allí el revólver que nunca había empuñado, llamó a su perro Bob, que acudió presuroso moviendo la cola, y ahí nomás le encajó dos tiros en la pobre cabeza. "
Uno de los elementos comunes en estos dos relatos es que el protagonista descarga su miseria personal en un ser al que considera de su “propiedad”, una criatura con menor capacidad física de defensa. Estudios sobre este tipo de comportamientos violentos revelan que: « La violencia hacia los animales podría tener un valor predictivo de violencia hacia humanos. Un niño que crece rodeado de agresión contra cualquier ser vivo tiene más probabilidad de violar, abusar o matar a humanos cuando sea adulto” (Niños que maltratan Animales escrito por Gena Icazbalceta). Cuando un niño crece en un entorno social y familiar donde la crueldad hacia otro miembro de la familia, ya sea la madre, un hermano o un animal doméstico quedan impunes, son aceptados como algo “normal”, tiene más probabilidad de ser en el futuro un compañero maltratador de su pareja, hijos o animales.

El 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Cuando en nuestra sociedad el maltrato hacia los animales no humanos no está contemplado como un delito, cuando crecemos con la idea de que otro ser con la misma capacidad de sentir dolor y alegría similares a los nuestros, puede ser de nuestra “propiedad”, abusando de nuestra superioridad física, ejerciendo tiranía y crueldad, sin recibir condena, no podemos asombrarnos cuando esta misma violencia, esta misma actitud de prepotencia hacia un ser más débil, se descargue contra mujeres o niños. De la agresión hacia los animales a la violencia contra otro ser semejante, sólo hay un paso.

Yolanda Plaza Ruiz



















