sábado, 26 de diciembre de 2009

LA ÚNICA LEY

Artículo escrito por Carmen Rico-Godoy publicado en la revista “Amigos” de la Fundación Purina (actual Fundación Affinity) en Agosto del 1997 



(…) En España está prohibido entrar con perros en casi todas partes bajo multas a veces enormes. Apelan a razones higiénicas, lo que en muchos casos mueve a risa. Que en algunos bares y restaurantes, roñosos y malolientes, rechacen a algún cliente por llevar un perro pacífico, aseado y educado, en aras de una higiene inexistente, resulta grotesco. 


Personalmente he visto o he sufrido rechazos inexplicables. He visto como en un bar sin salida de humos a la calle sino a la sala, donde el suelo estaba alfombrado de cáscaras, servilletas de papel sucias y restos de comida, rechazan a un ciego con un apacible labrador que intentaba comerse un bocata – el ciego, claro. El dueño o encargado le decía: “No es por mí, que conste, que a mí me encantan los perros, pero es el reglamento y si viene una inspección, me crujen”. También he visto a una señora con un diminuto yorkshire en brazos ser expulsada de los grandes almacenes donde había entrado a comprar unas medias, por dos enormes mozos de seguridad, inasequibles al razonamiento de la señora: “Es sólo un minuto, pago y me voy”. Los guardias también razonaban a su manera: “Señora, la ley es la ley”. 


No es, naturalmente, un problema de leyes ni reglamento. Los hay a millones y nadie los cumple, como el límite de velocidad en las carreteras españolas, por poner un ejemplo. Es un odio al perro profundamente anclado en el alma de los españoles, por misteriosas razones. Nuestros antecedentes árabes para quienes el perro es un animal maldito y repugnante puede ser una de ellas. Nuestro idioma está constantemente plagado de referencias peyorativas: “tratar a uno como a un perro, hacer perrerías”, y le definitiva es identificar al can con el enemigo, llamándole “perro judío”. 


A los niños se les enseña desde pequeños a tener miedo de los perros. Y a los perros se les utiliza para pastores, para cazadores, para carreras o vigilancia y peleas, sin darles a cambio más que el mínimo alimento. Cuando el perro es un animal mágico, un lobo que en un momento dado de su evolución hizo un pacto genético con el hombre y a cambio de muy poco- algo de comer, compañía y afecto- le dedica la vida entera. Pero para el perro, el afecto y la compañía son tan importantes o más que la comida. Por eso choca tanto el desprecio de la sociedad española al simple perro mascota o de compañía, perros en general, educados y apacibles. Y la oportunidad perdida: el gran afecto y respeto que los franceses sienten hacia los perros les ha llevado a ser hoy día uno de los primeros fabricantes de alimentos y artefactos para perros. 


El estigma es por supuesto que los perros cagan en la calles y ensucian las ciudades. Es cierto, como no, que el dueño del perro que va por la calle tiene la obligación cívica si paliativos, de recoger la caca del perro, tanto si es un bichón como si es un dóberman. 
Es una obligación ineludible como la vacuna anual o el chip de identificación. Achacar la suciedad de las ciudades exclusivamente a los perros es mear fuera del tiesto. 


Carmen Rico-Godoy


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