viernes, 11 de diciembre de 2009

Hoy he robado a tu perra

Hoy he robado a tu perra. No, ni siquiera he pisado tu propiedad, pero a juzgar por el estado de la perra, me imagino qué aspecto tiene... la palabra que me viene a la cabeza es vertedero.


La encontré junto a una carretera, con una pesada cadena alrededor del cuello, todavía unida a un par de tablones podridos de su caseta, de los cuales salen unos enormes clavos oxidados.
No sólo supe que media ciudad la había ignorado, a juzgar por donde la encontré, sino que entendí que si hubiera entrado en el bosque, la "cruz" que arrastraba tras de sí, se hubiera enredado en la vegetación hasta que el hambre o la sed la hubieran matado. La población local suele volverse sorda y ciega ante un animal necesitado, a menos que decidan pegarle un tiro por invadir su propiedad.
Que sus costillas se marcaran claramente, que sus orejas estuvieran asquerosamente sucias, que su estado general fuera más bien lamentable, y que su pelo y sus ojos estuvieran apagados, eran prueba clara de que no te la merecías. Pero por si acaso, pregunté a las autoridades locales si se había denunciado la desaparición de una perra (sin identificar) de sus características, o si habías puesto algún anuncio por su perdida en el periódico local.
No lo hiciste, de lo que sólo puedo deducir que no la echas de menos. Eso no es muy conveniente, ya que el hecho de que no esté castrada, ni vacunada supongo, y de que probablemente esté infestada de parásitos, significa que devolverle la salud puede costarme un buen dinero.

Quizá sea un pequeño consuelo saber que ella no te echa de menos. De hecho, su propia fuga dejó claro que ya estaba harta de tus "cuidados". Le costó alrededor de un día darse cuenta de que yo no soy tú, de que no le haré daño... Le llevó dos días darse cuenta de que los otros animales que viven aquí la aceptan, y de que uno de los placeres que hasta ahora se había perdido es la compañía de otros perros. Tardó tres días en apreciar el éxtasis de una buena comida casera y aprender que los sofás son para echarse encima, y que ya no tiene que dormir a la intemperie...

Ahora tiene un nombre bonito. Ya después de una semana empezó a tener el aspecto que debería. Le brillan los ojos, y ha aprendido a mover la cola en señal de saludo. Ha dejado de encogerse cuando hago algún movimiento brusco, porque sabe que no le voy a pegar, de hecho, casi nunca se aparta de mi lado. Incluso se ha vuelto tan valiente que se ha atrevido a ladrarle a uno de los gatos, y hoy la vi por la ventana animando a los otros perros a jugar. No, está claro que no te echa de menos, ni a ti, ni a su vida de abandono atada a una cadena.

De todas las cosas que he aprendido de mi breve relación con ella -como su naturaleza benévola, su increíble capacidad para curar viejas heridas y aprender a confiar, y el hecho de que el amor puede hacer milagros- una de las más evidentes es lo estúpido que eres. Es posible que ella fuera el ser más cariñoso, leal y fiel de tu vida, y tú la condenaste a una existencia de miseria y soledad, hasta que tomó la mejor decisión que se le podía ocurrir, y se escapó. Quizá su ángel de la guarda la ayudó. Y para que nadie me tome a mí por un ángel, confesaré que aspiro a poder ser tan bueno como ella algún día. Creo que te perdonó en menos de veinticuatro horas de su nueva vida, por los cerca de cuatro años de su "vida" anterior, mientras yo aún me debato en un tira y afloja con esa parte de mí que espera que un día te pudras en el infierno.

Aún no está claro si se va a quedar aquí, o si le buscaré un buen hogar donde reciba una atención más "individualizada" de la que yo puedo darle, pero una cosa es segura, esta "propiedad" robada nunca va a volver a tus manos. Así que ya puedes demandarme, perseguirme o repetir ante un tribunal que te pertenece legalmente... Estoy convencido que este es el mejor delito que he cometido nunca.

Pocas cosas me han hecho más feliz que robarte a tu perra. Sólo tengo que ver sus preciosos ojos marrones, para saber que ella defendería mi decisión con su vida. Sólo rezo para que no se te ocurra sustituirla, y si hay un día especial que podemos celebrar juntos, es el día en que te robé la perra, que es el día en que ella me robó el corazón.
Firma:
Jim Willis

Nota: He podido compartir con vosotros este maravilloso relato gracias a nuestro compañero Rafael Avila.
¡¡Gracias Rafael!!!

4 comentarios:

  1. ¡Madre mía lo que se parece el tercer perrito a mi Spooky!!!! ¡Qué mierda de mundo!!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Siempre recordaremos a tu Spooky.
    Ella no podía haber tenido una amiga humana mejor que tú....Le diste lo que muchas personas no están dispuestas a dar incluso a algunos miembros de su familia.
    Eres todo un ejemplo.

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  4. La verdad es que Spooky me dio más de lo que le di a ella, seguro. Fue un gran privilegio compartir mi vida con ella. ¿Cómo pudo haber alguien que la negara? Hay que ser imbécil.
    Yo siempre digo que soy especista: donde que ponga un perro que se quite todo lo demás, son de lo mejor que hay.
    Un beso

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