viernes, 25 de diciembre de 2009

Hermano Callejero




Hermano callejero 
Con una pata colgando,
despojo de una pedrada
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta

Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas
destinados a comer
basuras de plaza en plaza

Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan

Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas 








Qué tristes ojos que tienen, 
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta

Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias... o pedradas
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata

Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas

Chasco los dedos; le digo:
"Ven aquí, no te hago nada
vamos, vamos, ven aquí"
Y adiós la desconfianza

Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta
"¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya" 






El perro me entiende; sabe 
que maldigo la pedrada
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima

Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada

Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada

Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: "Aquí yace
un amigo de mi infancia" 












Y en el cielo de los perros, 
pan tierno y carne mechada
te regalará San Roque una
muleta de plata.


Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña

Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma

Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras

"Para ti... un rabo de oro;
para ti... un ojo de ámbar
tú... tus orejas de nieve;
tú... tus colmillos de escarcha
Y tú, (mi perro reía),
tú... tu muleta de plata"

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas... luceros...? No,
es mi perro cuando anda...
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata. 


Manuel Benítez Carrasco (1922-1999)




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