sábado, 26 de diciembre de 2009

LA ÚNICA LEY

Artículo escrito por Carmen Rico-Godoy publicado en la revista “Amigos” de la Fundación Purina (actual Fundación Affinity) en Agosto del 1997 



(…) En España está prohibido entrar con perros en casi todas partes bajo multas a veces enormes. Apelan a razones higiénicas, lo que en muchos casos mueve a risa. Que en algunos bares y restaurantes, roñosos y malolientes, rechacen a algún cliente por llevar un perro pacífico, aseado y educado, en aras de una higiene inexistente, resulta grotesco. 


Personalmente he visto o he sufrido rechazos inexplicables. He visto como en un bar sin salida de humos a la calle sino a la sala, donde el suelo estaba alfombrado de cáscaras, servilletas de papel sucias y restos de comida, rechazan a un ciego con un apacible labrador que intentaba comerse un bocata – el ciego, claro. El dueño o encargado le decía: “No es por mí, que conste, que a mí me encantan los perros, pero es el reglamento y si viene una inspección, me crujen”. También he visto a una señora con un diminuto yorkshire en brazos ser expulsada de los grandes almacenes donde había entrado a comprar unas medias, por dos enormes mozos de seguridad, inasequibles al razonamiento de la señora: “Es sólo un minuto, pago y me voy”. Los guardias también razonaban a su manera: “Señora, la ley es la ley”. 


No es, naturalmente, un problema de leyes ni reglamento. Los hay a millones y nadie los cumple, como el límite de velocidad en las carreteras españolas, por poner un ejemplo. Es un odio al perro profundamente anclado en el alma de los españoles, por misteriosas razones. Nuestros antecedentes árabes para quienes el perro es un animal maldito y repugnante puede ser una de ellas. Nuestro idioma está constantemente plagado de referencias peyorativas: “tratar a uno como a un perro, hacer perrerías”, y le definitiva es identificar al can con el enemigo, llamándole “perro judío”. 


A los niños se les enseña desde pequeños a tener miedo de los perros. Y a los perros se les utiliza para pastores, para cazadores, para carreras o vigilancia y peleas, sin darles a cambio más que el mínimo alimento. Cuando el perro es un animal mágico, un lobo que en un momento dado de su evolución hizo un pacto genético con el hombre y a cambio de muy poco- algo de comer, compañía y afecto- le dedica la vida entera. Pero para el perro, el afecto y la compañía son tan importantes o más que la comida. Por eso choca tanto el desprecio de la sociedad española al simple perro mascota o de compañía, perros en general, educados y apacibles. Y la oportunidad perdida: el gran afecto y respeto que los franceses sienten hacia los perros les ha llevado a ser hoy día uno de los primeros fabricantes de alimentos y artefactos para perros. 


El estigma es por supuesto que los perros cagan en la calles y ensucian las ciudades. Es cierto, como no, que el dueño del perro que va por la calle tiene la obligación cívica si paliativos, de recoger la caca del perro, tanto si es un bichón como si es un dóberman. 
Es una obligación ineludible como la vacuna anual o el chip de identificación. Achacar la suciedad de las ciudades exclusivamente a los perros es mear fuera del tiesto. 


Carmen Rico-Godoy


viernes, 25 de diciembre de 2009

Hermano Callejero




Hermano callejero 
Con una pata colgando,
despojo de una pedrada
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta

Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas
destinados a comer
basuras de plaza en plaza

Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan

Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas 








Qué tristes ojos que tienen, 
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta

Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias... o pedradas
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata

Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas

Chasco los dedos; le digo:
"Ven aquí, no te hago nada
vamos, vamos, ven aquí"
Y adiós la desconfianza

Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta
"¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya" 






El perro me entiende; sabe 
que maldigo la pedrada
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima

Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada

Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada

Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: "Aquí yace
un amigo de mi infancia" 












Y en el cielo de los perros, 
pan tierno y carne mechada
te regalará San Roque una
muleta de plata.


Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña

Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma

Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras

"Para ti... un rabo de oro;
para ti... un ojo de ámbar
tú... tus orejas de nieve;
tú... tus colmillos de escarcha
Y tú, (mi perro reía),
tú... tu muleta de plata"

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas... luceros...? No,
es mi perro cuando anda...
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata. 


Manuel Benítez Carrasco (1922-1999)




domingo, 20 de diciembre de 2009

Escucha la voz delicada y débil de tu corazón


Hace tiempo, exactamente el sábado 24 de noviembre del 2007, cuando participaba en el foro de 20minutos, en el tema: ¿SE DEBE ACABAR CON LAS CORRIDAS DE TOROS?, leí la experiencia de un señor extaurino que nunca olvidaré y quiero compartirlo ahora con vosotros.
Las palabras de este hombre demuestran que hay personas dentro del mundo de la tauromaquia que pueden cambiar de opinión, incluso convertirse en un antitaurino activo.

No me enrollo más y os dejo con su relato: 


Mandrágora escribió:

“He sido un defensor a ultranza de la plasticidad y “arte” de la tauromaquia. Pero estaba equivocado.
Un día, Lunes del pasado año, para más señas, me desperté y vi un escrito de alguien en un periódico, el día anterior Domingo yo había asistido a una corrida en Tarragona. No me preguntes cómo, pero una vez acabada la lectura de aquellas cuatro líneas de una persona, que no era un reconocido escritor, ni mucho menos, me quedé recapacitando y pensando que tal vez tuviera razón, quién había escrito aquello contra los aficionados al toreo.

La fuerza de cuatro líneas de un crítico de la calle me convencieron. No necesité máximas o citas de autores famosos, si no una persona igual a mí, que se limitaba a dar su opinión en famoso diario.

Había vivido equivocado desde los12 años hasta los 59 del pasado año..
No hace falta nombrar a grandes Literatos de otros tiempos, si no pararte a escuchar la voz, muy delicada, muy débil, la voz de tu propio corazón”.




Ya lo dice el refrán:

“Quien quiere cambiar y mejorar, busca los medios; quien no lo quiere busca una disculpa”


Publicado: Sab Nov 24, 2007 6:16 pm
página 65




“No puede haber mentalidad más simple y más córnea que la de un aficionado a las corridas de toros” Prólogo de Niebla



En el prólogo de Niebla de Miguel de Unamuno, escrito (supuestamente)  por Victor Goti, hay unas reflexiones sobre los aficionados a las corridas de toros muy interesantes. 

Miguel de Unamuno
Niebla , 1935.

Prólogo VÍCTOR GOTI .

http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/LiteraturaEspanola/unamuno/Niebla/index.asp





“Todo lo cual le lleva a una tarea muy desagradable y poco agradecida, de la que dice que no es sino un masaje de la ingenuidad pública, a ver si el ingenio colectivo de nuestro pueblo se va agilizando y sutilizando poco a poco. Porque le saca de sus casillas el que digan que nuestro pueblo, sobre todo el meridional, es ingenioso. «Pueblo que se recrea en las corridas de toros y halla variedad y amenidad en ese espectáculo sencillísimo, está juzgado en cuanto a mentalidad», dice. Y agrega que no puede haber mentalidad más simple y más córnea que la de un aficionado. ¡Vaya usted con paradojas más o menos humorísticas al que acaba de entusiasmarse con una estocada de Vicente Pastor! Y abomina del género festivo de los revisteros de toros, sacerdotes del juego de vocablos y de toda la bazofia del ingenio de puchero”.







Le he oído decir que de los tres vicios de la clásica terna de ellos: las mujeres, el juego y el vino, los dos primeros estropean más la mente que el tercero. Y conste que don Miguel no bebe más que agua. «A un borracho se le puede hablar –me decía una vez– y hasta dice cosas, pero ¿quién resiste la conversación de un jugador o un mujeriego? No hay por debajo de ella sino la de un aficionado a toros, colmo y copete de la estupidez.»









Imágenes del blog:  La Araña Peluda




Aquí podéis leer el prólogo completo:





sábado, 19 de diciembre de 2009

Que la vida sin ciertas normas, pierde forma

“Cómo hacerte saber...Que nadie establece normas, salvo la vida....Que la vida sin ciertas normas pierde forma” M. Benedetti

 Por instinto de supervivencia suelo leer más a los poetas que a los políticos. Reflexionando en las palabras de personas con corazón e inteligencia uno puede aprender a ser mejor, a conocer sus defectos, a estar más consciente de nuestros propios actos, a ser disciplinado y aceptar el reto de vivir en sociedad. Benedetti es, sin duda un gran maestro en esta materia.  En su poema “Desde los afectos” nos susurra palabras que suenan como un bálsamo, como un antídoto contra la apatía y la miseria, características propias de un mezquino despreciable. No tengo la misma impresión cuando leo frases como estas:”Prohibir los festejos taurinos no forma parte de la agenda del Ejecutivo,…el Gobierno es partidario de no prohibir y de decidir en libertad”. Así se ha expresado la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega en alusión a la decisión del Parlamento Catalán de permitir el debate sobre la prohibición de las corridas de toros en esta comunidad.




 



“No prohibir” suena muy bien cuando uno tiene poca experiencia, cuando eres joven y cada poro de nuestra piel desprende deseos de “libertad”. Pero va pasando el tiempo y la madurez nos enseña que la libertad tiene límites. Es algo natural. Nadie, a no ser que quiera suicidarse, se saltaría la ley de la gravedad desde lo alto de un edificio de veinte pisos, por amor a la libertad y el desprecio a unas normas. Para nuestro beneficio tenemos que respetar ciertas reglas y cuando vivimos en comunidad, existen leyes que nos protegen a nosotros y al resto de los ciudadanos de actos que puedan resultar perjudiciales. Todos estamos agradecidos de que existan leyes que prohíban y penalicen la pornografía infantil, el maltrato a las mujeres, los límites de velocidad en el transporte, etc. Ninguno nos sentimos atacados en “nuestra libertad” por obedecer estas normas.

“Los afectos nos definen”, la ira, el odio, el amor,  son afectos. Nuestra manera de actuar y de sentir demuestran cual es la riqueza o pobreza que poseemos en nuestro interior. La crueldad contra cualquier criatura inocente, aunque sea un animal no humano, un toro, no es un privilegio de nuestra supuesta libertad, sino una bajeza moral digna de oprobio y castigo. “No está prohibido amar”, como no está prohibido tener compasión, ni empatía.









Cuanto más indefenso sea un individuo, más derecho tiene a que se le proteja.
Los animales, incluso los toros, no pueden defenderse, ellos también quieren que se les otorgue  libertad, que no se les torture, que no se les oprima, que nadie les robe su derecho a vivir.

“Se puede estar muerto en vida” y  una clara muestra de que existen muertos andantes la tenemos en algunos de nuestros políticos. Estos que no quieren prohibir.
Sí señores del gobierno: ¿cómo hacerles saber que nadie establece normas salvo la vida, que la vida sin ciertas normas pierde forma?.


Disfruto leyendo poesía, pero intento evitar la palabrería interesada y egoísta de los
que no recuerdan que no está prohibido amar y mostrar compasión.



Yolanda Plaza Ruiz 

miércoles, 16 de diciembre de 2009

TOMBUCTÚ

de AUSTER, PAUL 
EDITORIAL ANAGRAMA, S.A. 


Resumen del libro: 
http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/0,3060,2900000904014,00.html?codigo=2900000904014&ca=67 


Míster Bones es un perro de raza indefinida, pero de una inteligencia muy precisa. No habla inglés –quizá porque se lo impide la forma de sus fauces–, pero tantos años escuchando el incesante torrente verbal de su amo han hecho que lo comprenda a la perfección, y que pueda pensar e interpretar el mundo con una sensibilidad muy canina y una sintaxis muy humana. Porque Míster Bones tiene siete años y ha vivido desde que era un cachorro con William Gurevitch, más conocido como Willy Christmas desde que Santa Claus le habló desde el televisor, provocando en él una auténtica experiencia mística. Willy es un vagabundo, un poeta errante, un excéntrico superviviente de las revoluciones de los sesenta. En un principio, se asoció con Míster Bones en busca de protección, porque la vida en las calles es muy dura, una alianza que se convirtió en un mutuo descubrimiento, un amor sin condiciones. Juntos recorrieron América, sobrevivieron a duros inviernos en Brooklyn y ahora están en Baltimore, viviendo la que quizá sea su última aventura en común... 





Os pongo una parte del libro copiado de la revista de Fundación Purina “Amigos” del año 2000, actualmente denominada Fundación Affinity. 





“Mister Bones sabía que Willy no iba a durar mucho. Tenía aquella tos desde hacía más de seis meses y ya no había ni puñetera posibilidad de que se le quitara. Lenta e inexorablemente, sin que se produjese la más mínima mejoría, los accesos habían ido cobrando intensidad, pasando del leve rebullir de flemas en los pulmones el mes de febrero a los aparatosos espasmos con esputos y convulsiones de mediados de verano. Y, por si fuera poco, en las dos últimas semanas se había introducido una nueva tonalidad en la música bronquial- un soniquete tenso; vigoroso, entrecortado-, y los ataques se sucedían ahora con mucha frecuencia, casi de continuo. Cada vez que sobrevenía alguno, Míster Bones temía que Willy reventase por la presión de los cohetes que estallaban en su caja torácica. Imaginaba que no tardaría en echar sangre, y cuando aquel momento fatal llegó finalmente el sábado por la tarde, fue como si todos los ángeles del cielo se hubiesen puesto a cantar. Míster Bones lo vio con sus propios ojos, parado al borde de la carretera entre Washington y Baltimore, cuando Willy escupió en el pañuelo unos espantosos coágulos de sustancia escarlata, y en ese mismo instante supo que había desaparecido hasta el último resquicio de esperanza. Un olor a muerte envolvía a Willy G. Christmas, y tan cierto como que el sol era una lámpara que diariamente se apagaba y encendía entre las nubes, el fin estaba cada vez más cerca. 





¿Qué podía hacer un pobre perro? Míster Bones había estado con Willy desde que era un cachorro pequeño, y ahora le resultaba casi imposible imaginarse un mundo en el que no estuviera su amo. Cada pensamiento, cada recuerdo, cada partícula de la tierra y de aire estaba impregnado de la presencia de Willy, Las viejas costumbres no se pierden fácilmente, y en lo que se refiere a los perros hay sin duda algo de verdad en el dicho de que llega un momento en que se es demasiado viejo para aprender, pero el miedo que sentía Míster Bones por lo que se avecinaba había algo más que amor o devoción. Era puro terror ontológico. Si el mundo se quedaba sin Willy, lo más probable era que el mundo mismo dejara de existir. 




Ese era el dilema al que se enfrentaba Míster Bones, aquella mañana de agosto cuando caminaba penosamente por las calles de Baltimore con su amo enfermo. Un perro solo era tanto como decir un perro muerto, y en cuanto a Willy exhalara su último aliento, no podría esperar nada salvo su propio e inminente final. Willy ya llevaba muchos días advirtiéndole sobre eso, y Míster Bones se sabía las instrucciones de memoria: cómo evitar la perrera y la policía, los coches patrulla y los camuflados. Por muy amables que fuesen con uno, en cuanto pronunciasen la palabra perrera vendrían los problemas. Empezarían con redes y dardos tranquilizantes, se convertirían en una pesadilla de jaulas y luces fluorescentes y terminarían con una inyección letal o una dosis de gas venenoso. Si Míster Bones hubiese pertenecido a alguna raza reconocible, habría tenido alguna posibilidad en esos concursos de belleza que diariamente se celebran para encontrar posibles amos, pero el compañero de Willy era una mezcolanza de tensiones genéticas – en parte collie, en parte labrador, en parte spaniel, en parte rompecabezas canino- y, para acabar de arreglar las cosas, su deslustrado pelaje estaba lleno de nudos, de su boca emanaban malos olores, y una perpetua tristeza le acechaba en los ojos enrojecidos. Nadie querría salvarlo. Como al bardo sin hogar le gustaba decir, el desenlace estaba grabado en piedra. A menos que Míster Bones encontrara otro amo a toda prisa , era un chucho destinado al olvido. 




-Y si te libras de los dardos tranquilizantes- prosiguió Willy aquella brumosa mañana en Baltimore, apoyándose en una farola para no caerse-, hay muchísimas otras cosas de las que no te librarás. Te lo advierto. O encuentras otra colocación, o tus días están contados. Fíjate en esta ciudad tan deprimente. Hay un restaurante chino en cada esquina, y si crees que a los cocineros no se les va a hacer la boca agua cuando pases por delante, entonces es que no sabes lo que es la cocina oriental. Tienen en gran estima la carne de perro, amigo mío. Acorralan y matan a los chuchos en el callejón, justo detrás de la cocina; veinte o treinta a la semana. Aunque en el menú los hagan pasar por pato o cerdo, los iniciados saben distinguir, a los gourmets no se les engaña ni por un momento. A menos que quieras acabar en una bandeja de moo googai, te lo pensarás dos veces antes de menear el rabo delante de un tugurio de esos. ¿Te enteras, Míster Bones? Conoce a tu enemigo….y no te acerques a él. 





Míster Bones se enteraba. Siempre entendía las explicaciones de Willy. Así había sido desde que tenía memoria, y ahora su comprensión del inglés de la calle era tan bueno como el de cualquier emigrante que llevara siete años en suelo norteamericano. 
Era su segunda lengua, por supuesto, muy diferente de la que le había enseñado su madre, pero si su pronunciación dejaba algo que desear, dominaba a la perfección las interioridades de la sintaxis y la gramática. Nada de eso debe resultar extraño o insólito en un animal de la inteligencia de Míster Bones. La mayoría de los perros adquiere un buen conocimiento del trabajo del lenguaje bípedo, pero Míster Bones tenía además la suerte de que su amo no lo trataba como un ser inferior. Habían sido amigo del alma desde el principio, y si a eso se añade el hecho de que Míster Bones no sólo era el mejor sino el único amigo de Willy, y se consideraba también que Willy era una persona que disfrutaba escuchándose, su auténtico y recalcitrante logomaníaco que apenas dejaba de hablar desde el momento que abría los ojos por la mañana hasta por la noche, cuando perdía el conocimiento por la borrachera, resultaba enteramente lógico que Míster Bones se sintiera tan a gusto con la jeringonza nativa. En resumidas cuentas, lo único sorprendente era que no hubiese aprendido a hablar mejor. No por falta de constancia, sino porque la biología estaba en su contra, y con la conformación de hocico, dientes y lengua que el destino le había impuesto, no llegaba a articular más que una serie de ladridos, gruñidos y aullidos, una especie de discurso vago y confuso. Tenía plena conciencia de lo lejos que aquellos sonidos estaban de hablar con soltura, pero Willy siempre le dejaba expresar su opinión, y en el fondo eso era lo único que contaba. Míster Bones era libre de meter baza en cualquier ocasión y su amo le escuchaba con todo interés, y quien mirase el rostro de Willy mientras observaba los esfuerzos de su amigo por comportarse como un miembro de la tribu humana, juraría que no se perdía una sola palabra”.


TOMBUCTÚ 

de AUSTER, PAUL 

Perro_linyera-pte_peron_esq_suipach.jpg image by gabrielc1972


martes, 15 de diciembre de 2009

Epitafio en sepultura de un perro siglo V antes de Cristo

El epitafio que voy a compartir con vosotros lo leí de la antigua revista de Purina “Amigos” del año 1996.
Os paso los datos:


Se encontró en unas excavaciones en las cercanías de Atenas a finales del siglo V antes de Cristo. Servía de epitafio para la tumba de un perro , en donde se traduce el dolor viril, por la muerte de un querido compañero, hecho por un personaje desconocido



"Tú , que por el sendero pasas, 

si los dioses te hicieron ver esta sepultura,

por favor, no te rías, te lo ruego, 

aunque la tumba sea de un pobre perro.

Sabe que derramadas lágrimas por mí fueron, 

y que la tierra, que por mí echaron 

fue apilada por las manos de quien mucho me quiso, 

y que en el mármol hizo labrar estas palabras, 

en perenne recuerdo".






En  un artículo de “El País” del año 1993, de Elena F.L. Ochoa  titulado: “Terapia Zoológica” ,  menciona lo siguiente: 



“Uno de los más antiguos indicadores arqueológicos de la existencia del estrecho vínculo entre el hombre y el perro fue descubierto por Simon Davis, de la Universidad Hebrea, cuando excavó un esqueleto humano, con más de 12.000 años , en una tumba en el norte de Israel. Entre las manos del esqueleto se encontraban los restos abrazados de un cachorro, y su disposición hacía pensar en un vínculo afectivo más que dietético”. 

Esto demuestra que el afecto hacia los animales y en especial hacia un querido perro, no es algo moderno ni reciente. Siempre ha habido personas con la suficiente sensibilidad y empatía a las que les ha unido un  verdadero amor por su amigo fiel.





En el blog Pintura y Poesía


he encontrado este preciosos poema a la muerte de un perro: 



John Weiss

Mi perro


Allí sollocé sobre el mundo
y sobre la tierra cayó un vacío velador,
de ausencia, de lágrima derribada.

Mi perro murió en medio de la vida,
como una larga espada tendida,
nube cargada de recuerdos luminosos.

Y le vi llorar en el último momento.

Una gota de agua pura de sus ojos
reflejó una infinita pesadumbre,
oscura, cerrada, silenciosa.

Mi grito resonó perdido en el vacío,
desolador, hueco, de mi carne,
y besé sólo su recuerdo desesperado,
su lívida luz que me acogía.

Todavía quiero,
con mi mano tendida,
sentir tu calor y tu risa universal,
mirar esos inmensos ojos negros,
purísimos y nobles,
donde la soledad no existe
y la tristeza es compañía.

Mi perro guardaba palabras
en el corazón – aún sin edad para
pronunciarlas - ,
y las nombraba una a una
en música cargada de esperanza,
de promesas, ondas puras
en un vaivén de mar,
y también de pena convulsa,
desolada, preñada de sombras,
cuando sentía un abandono.

Era un perro, solo un perro era,
me decían…

Y bajó el misterio oscuro
de la muerte en su mirada.

Allí sollocé sobre el mundo
y sobre la tierra cayó un gran silencio.


Teo Basterra






viernes, 11 de diciembre de 2009

Hoy he robado a tu perra

Hoy he robado a tu perra. No, ni siquiera he pisado tu propiedad, pero a juzgar por el estado de la perra, me imagino qué aspecto tiene... la palabra que me viene a la cabeza es vertedero.


La encontré junto a una carretera, con una pesada cadena alrededor del cuello, todavía unida a un par de tablones podridos de su caseta, de los cuales salen unos enormes clavos oxidados.
No sólo supe que media ciudad la había ignorado, a juzgar por donde la encontré, sino que entendí que si hubiera entrado en el bosque, la "cruz" que arrastraba tras de sí, se hubiera enredado en la vegetación hasta que el hambre o la sed la hubieran matado. La población local suele volverse sorda y ciega ante un animal necesitado, a menos que decidan pegarle un tiro por invadir su propiedad.
Que sus costillas se marcaran claramente, que sus orejas estuvieran asquerosamente sucias, que su estado general fuera más bien lamentable, y que su pelo y sus ojos estuvieran apagados, eran prueba clara de que no te la merecías. Pero por si acaso, pregunté a las autoridades locales si se había denunciado la desaparición de una perra (sin identificar) de sus características, o si habías puesto algún anuncio por su perdida en el periódico local.
No lo hiciste, de lo que sólo puedo deducir que no la echas de menos. Eso no es muy conveniente, ya que el hecho de que no esté castrada, ni vacunada supongo, y de que probablemente esté infestada de parásitos, significa que devolverle la salud puede costarme un buen dinero.

Quizá sea un pequeño consuelo saber que ella no te echa de menos. De hecho, su propia fuga dejó claro que ya estaba harta de tus "cuidados". Le costó alrededor de un día darse cuenta de que yo no soy tú, de que no le haré daño... Le llevó dos días darse cuenta de que los otros animales que viven aquí la aceptan, y de que uno de los placeres que hasta ahora se había perdido es la compañía de otros perros. Tardó tres días en apreciar el éxtasis de una buena comida casera y aprender que los sofás son para echarse encima, y que ya no tiene que dormir a la intemperie...

Ahora tiene un nombre bonito. Ya después de una semana empezó a tener el aspecto que debería. Le brillan los ojos, y ha aprendido a mover la cola en señal de saludo. Ha dejado de encogerse cuando hago algún movimiento brusco, porque sabe que no le voy a pegar, de hecho, casi nunca se aparta de mi lado. Incluso se ha vuelto tan valiente que se ha atrevido a ladrarle a uno de los gatos, y hoy la vi por la ventana animando a los otros perros a jugar. No, está claro que no te echa de menos, ni a ti, ni a su vida de abandono atada a una cadena.

De todas las cosas que he aprendido de mi breve relación con ella -como su naturaleza benévola, su increíble capacidad para curar viejas heridas y aprender a confiar, y el hecho de que el amor puede hacer milagros- una de las más evidentes es lo estúpido que eres. Es posible que ella fuera el ser más cariñoso, leal y fiel de tu vida, y tú la condenaste a una existencia de miseria y soledad, hasta que tomó la mejor decisión que se le podía ocurrir, y se escapó. Quizá su ángel de la guarda la ayudó. Y para que nadie me tome a mí por un ángel, confesaré que aspiro a poder ser tan bueno como ella algún día. Creo que te perdonó en menos de veinticuatro horas de su nueva vida, por los cerca de cuatro años de su "vida" anterior, mientras yo aún me debato en un tira y afloja con esa parte de mí que espera que un día te pudras en el infierno.

Aún no está claro si se va a quedar aquí, o si le buscaré un buen hogar donde reciba una atención más "individualizada" de la que yo puedo darle, pero una cosa es segura, esta "propiedad" robada nunca va a volver a tus manos. Así que ya puedes demandarme, perseguirme o repetir ante un tribunal que te pertenece legalmente... Estoy convencido que este es el mejor delito que he cometido nunca.

Pocas cosas me han hecho más feliz que robarte a tu perra. Sólo tengo que ver sus preciosos ojos marrones, para saber que ella defendería mi decisión con su vida. Sólo rezo para que no se te ocurra sustituirla, y si hay un día especial que podemos celebrar juntos, es el día en que te robé la perra, que es el día en que ella me robó el corazón.
Firma:
Jim Willis

Nota: He podido compartir con vosotros este maravilloso relato gracias a nuestro compañero Rafael Avila.
¡¡Gracias Rafael!!!

domingo, 6 de diciembre de 2009

Asignaturas sobre ética y animales en las Universidades españolas


Gracias a la información de AIUDA, os puedo pasar algunos datos sobre el trabajo de muchos docentes en nuestro país que se están esforzando por inculcar en sus alumnos un trato ético, basado en el respeto hacia los animales no humanos.

Sinceramente creo que todos los que compartimos la tarea de intentar concienciar a la sociedad en general sobre la necesidad de evolucionar en nuestro trato con el resto de las criaturas que comparten con nosotros el Planeta, tenemos que estar agradecidos por la labor encomiable de estos profesionales de la enseñanza. Mi reconocimiento y admiración desde este espacio a todos y cada uno de estos ejemplares seres humanos.



Asignaturas sobre ética y animales en las Universidades españolas

Fuente:

AIUDA

Asociación Interuniversitaria para la Defensa de los Animales

http://aiudaweb.googlepages.com/asignaturassobreéticayanimalesenlasunive


Educación, Protección Animal y Bioética

Profesor: José Gómez Galán

Licenciatura: Asignatura de libre elección para cualquier licenciatura, ofrecida desde la Facultad de Educación

Universidad: Universidad de Extremadura

Educación para los Derechos de los Animales

Profesor: José Gómez Galán

Doctorado: Doctorado de "Gestión y Educación Ambiental"

Universidad: Universidad de Extremadura

Terapia con Animales

Profesores: Raquel Valero Alcaide, Susana Muñoz Lasa

Licenciatura: Asignatura de libre elección para alumnos a partir de 3º de Fisioterapia, Enfermería, Terapia Ocupacional, Medicina, Veterinaria, Farmacia, Psicología, Educación y LADE, ofrecida desde el Dpto. de Medicina Física y Rehabilitación de la Facultad de Medicina

Universidad: Universidad Complutense de Madrid

Mimos de Jirafa

Derechos de los animales y éticas de la naturaleza

Profesora: Marta Tafalla

Licenciatura: Asignatura de libre elección para cualquier licenciatura, ofrecida desde el departamento de filosofía

Universidad: Universidad Autónoma de Barcelona

Amor maternal

Derecho del Bienestar animal. Perspectiva Jurídica Comparada

Profesora: Teresa Giménez-Candela

Licenciatura: Asignatura de libre elección para cualquier licenciatura, ofrecida desde la facultad de derecho

Universidad: Universidad Autónoma de Barcelona


Ética ecológica y bioética

Profesora: María José Guerra

Licenciatura: Filosofía

Universidad: Universidad de La Laguna


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