martes, 24 de noviembre de 2009

De la violencia en el entorno familiar


En casa, o reinaba el silencio, o tenía la palabra mi padre. Pero el Viejo hablaba casi exclusivamente cuando venía borracho, o sea casi todas las noches, y entonces más bien gritaba. Los tres le teníamos miedo: mamá, mi hermanita Mirta y yo. Ahora tengo trece años y medio, y aprendí muchas cosas, entre otras que los tipos que gritan y castigan e insultan, son en el fondo unos pobres diablos…. el Viejo…. se emborrachaba desde hace mucho más, y no bien agarró ese vicio nos empezó a pegar a los tres. A Mirta y a mí nos daba con el cinto, duele bastante, pero a mamá le pegaba con el puño cerrado. Porque sí nomás, sin mayor motivo: porque la sopa estaba demasiado caliente, o porque estaba demasiado fría, o porque no lo había esperado despierta hasta las tres de la madrugada, o porque tenía los ojos hinchados de tanto llorar”. Estas frases forman parte del relato de Mario Benedetti: “Requiem con tostadas”, en la que narra la triste historia de una familia dominada por el miedo, el miedo a un padre violento y alcoholizado, que descarga sus frustraciones en los seres más próximos, su mujer e hijos. Este ambiente de violencia termina con el asesinato de la mujer a manos de su marido. Lamentablemente la historia narrada por Benedetti, refleja la experiencia aterradora que sufren millones de mujeres y niños, víctimas de la violencia perpetrada en el seno de la familia.



A menudo los individuos violentos suelen presentar un marcado sentimiento de inferioridad y baja autoestima. Esto les conduce a exteriorizar sus frustraciones personales en los miembros más indefensos de su entorno más próximo, con menos capacidad de defensa física. De esta violencia cobarde no se escapa cualquier criatura que consideren de su “propiedad”, incluidos los animales domésticos.


A diferencia de “Réquiem con tostadas”, donde la víctima asesinada es la esposa, en “Tiempo salvaje”, es otro de los miembros indefensos que conviven en el entorno doméstico:

“El doctor Mojarro (se las daba de médico, aunque era veterinario, pero no ejercía, salvo cuando su perro Bob se resfriaba) era mujeriego sólo postal”. Mojarro es abandonado por su mujer de manera imprevista. Ella se encuentra fuera de su alcance al conocer la noticia:“…cuando recibió aquellas cartas por correo urgente, Mojarro se fue a su casa más temprano que de costumbre, abrió su cofre fuerte doméstico, extrajo de allí el revólver que nunca había empuñado, llamó a su perro Bob, que acudió presuroso moviendo la cola, y ahí nomás le encajó dos tiros en la pobre cabeza. "

Uno de los elementos comunes en estos dos relatos es que el protagonista descarga su miseria personal en un ser al que considera de su “propiedad”, una criatura con menor capacidad física de defensa. Estudios sobre este tipo de comportamientos violentos revelan que: « La violencia hacia los animales podría tener un valor predictivo de violencia hacia humanos. Un niño que crece rodeado de agresión contra cualquier ser vivo tiene más probabilidad de violar, abusar o matar a humanos cuando sea adulto” (Niños que maltratan Animales escrito por Gena Icazbalceta). Cuando un niño crece en un entorno social y familiar donde la crueldad hacia otro miembro de la familia, ya sea la madre, un hermano o un animal doméstico quedan impunes, son aceptados como algo “normal”, tiene más probabilidad de ser en el futuro un compañero maltratador de su pareja, hijos o animales.


El 25 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Cuando en nuestra sociedad el maltrato hacia los animales no humanos no está contemplado como un delito, cuando crecemos con la idea de que otro ser con la misma capacidad de sentir dolor y alegría similares a los nuestros, puede ser de nuestra “propiedad”, abusando de nuestra superioridad física, ejerciendo tiranía y crueldad, sin recibir condena, no podemos asombrarnos cuando esta misma violencia, esta misma actitud de prepotencia hacia un ser más débil, se descargue contra mujeres o niños. De la agresión hacia los animales a la violencia contra otro ser semejante, sólo hay un paso.

Yolanda Plaza Ruiz


3 comentarios:

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  2. Uno de los modos de exteriorizar el complejo de inferioridad es a través del miedo” –S. Freud.

    Cuando la violencia se asila en la mente del hombre, busca salida en la implantación del temor. Ya poco importa si se practica contra la compañera, los hijos o el animalito de compañía. Lo importante es hacer sentir el poder de la fuerza.
    La violencia no tiene rostro porque es el rostro de todos. Su existencia significa la claudicación de las palabras.

    Ese es el saldo que me ha dejado la lectura de tu atinado texto. Al igual que tú, pienso que luchar contra la violencia es estar a favor de la vida, porque cada persona maltratada nos devuelve a las cavernas.

    Un saludo.
    Ricardo – Linde5

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  3. Gracias Ricardo, por haber dedicado unos minutos de tu escaso tiempo en exponer tu opinión sobre este tema tan doloroso.

    El compartir el trabajo voluntario y altruista en la defensa de los más débiles con personas de tu categoría humana, me llena de orgullo, al mismo tiempo que me “pone las pilas”, ayudándome a no decaer, sabiendo que por muchos contratiempos que tengamos, siempre tendremos la mano de un amigo que nos ofrece su apoyo para seguir adelante.

    Un abrazo y mi reconocimiento por todo tu esfuerzo y empatía.

    Yolanda

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