viernes, 30 de octubre de 2009

Lealtad una palabra enorme

Hachiko fue adoptado cuando tenía dos meses, por un profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio, el Dr. Eisaburo Ueno. La amistad basada en el amor mutuo convirtió a Hachiko y a su querido amigo en una leyenda viva, sólo rota por la muerte repentina de uno de los protagonistas, el profesor, lejos de su perro leal. Ignorante del triste desenlace, Hachiko siguió acudiendo hasta el final de sus días a la estación de tren donde despedía y recibía al Dr. Eisaburo, mientras este vivía. Para los pobladores de Shibuya (Japón), la lealtad de este perro se convirtió en un símbolo. La estatua erigida en su honor es conocida en todo Japón y fuera de sus fronteras.

En Durazno (Uruguay), Gaucho está recordado como ejemplo de fidelidad, inmortalizado en una figura de bronce, situada cerca del cementerio de la ciudad. Gaucho fue el amigo devoto de Facundo, un hombre solitario. A la muerte de este, Gaucho demostró un amor sin límites hacia su amo, haciendo de la sepultura de Facundo el lugar donde residía, aquella tumba fría que le separaba de su querido amigo de dos piernas. Gaucho, otro perro que no conocía la traición.

En el mundo animal las ratas son un ejemplo sobresaliente de altruismo, un sentimiento y actitud estrechamente unido a la lealtad. El psicólogo J. Moussaieff Masson en su libro ?Dogs Never Lie About Love? ( Los perros nunca mienten sobre el amor) nos dice: "El animal que vive en una comunidad aprende el valor de ayudar a otro individuo. Las ratas son reacias a bajar una palanca para obtener comida si al hacerlo generan una descarga eléctrica contra una compañera. Inevitablemente bajarán la palanca que No provoque la descarga, y algunas hasta renunciarán a la comida antes que lastimar a sus amigas".

Mario Benedetti, a quien rindo homenaje en el título de este escrito recordando su relato: ?Beatriz una palabra enorme?, nos anima a examinarnos a nosotros mismos, ver hasta qué grado las buenas virtudes, sobrepasan a nuestras miserias personales, haciéndonos ver en el espejo la imagen real, nuestra calidad humana o nuestros defectos; la lealtad o traición, fidelidad o cobardía. En su poema "Pausa" dice así: De vez en cuando hay que hacer una pausa/ contemplarse a sí mismo/ sin la fruición cotidiana/ examinar el pasado/ rubro por rubro /etapa por etapa/ baldosa por baldosa/ y no llorarse las mentiras/ sino cantarse las verdades.

Esta verdad nos demuestra, por mucho que nos empeñemos en ocultarlo, que el resto de los animales y la naturaleza, tienen sobradas pruebas de lo pequeña e insignificante que puede llegar a ser para la mayoría de nuestros congéneres la palabra Lealtad. Antónimos de lealtad son: traición, deslealtad, infidelidad. Sólo hay que ser un optimista informado, un pesimista, para darnos cuenta de que estos adjetivos peyorativos son un rasgo muy peculiar de nuestra especie. Por desgracia, no sólo el resto de nuestros congéneres sufren las consecuencias de estas "cualidades", sino que el que es denominado "el mejor amigo del hombre", el perro, suele ser una de las víctimas inocentes más cruelmente tratadas por el "homo sapiens".

Cuánto tenemos que aprender del resto de los animales, incluso de las ratas.

Yolanda Plaza Ruiz

Enlace para leer la historia de Gaucho, escrita por Ricardo Muñoz José:

http://linde5-otroenfoque.blogspot.com/2009/07/la-huella-de-un-perro-sin-dueno.html

Leyendas de Durazno:

http://www.tudurazno.net/leyenda-gaucho.html

Historia de Hachiko:

http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=93




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